domingo, 10 de agosto de 2008

ARAVENSTUFF : VIAJES



¿Ir a la casa de un tío que casi no conozco en un viaje de hora y media en el asiento trasero del carro de papá, totalmente aplastada entre mi primo gordito, mi tía y mi mamá? ¡Seguro!
A veces en esos viajes que cada familión tiene de vez en cuando se vislumbra una suerte de cambio que convierte un potencial día aburrido en uno que a tus veinte años y lejos de disfrutar salidas en familia, terminas queriendo que no se termine. "¡Un ratito más, papá!" me sorprendí a mi misma gritar mientras saltaba en la cama elástica en un arrebato de 'niñismo' único y no experimentado en años. Es que la casa de mi tío era genial: tenía juegos, cancha de fútbol, piscina, sauna, casa del árbol y ese algo que me dejó con ganas de ser la hija de mi tío lejano: un tren con piano, minifutbol y mesa de ping pong. Ahora, soy yo la que pregunta ¿Cuándo vamos a la casa de mi tío? ...

Y sin embargo, en lugar de llevarme a ese club que tiene mi tío por casa el 28 de julio, papá decidió llevarnos a comer pachamanca a toda la familia incluyendo a mi enamorado. No necesito decir que la sonrisa la llevaba más grande que la del Guasón. Terminando la riquísima comida en "Mesa de piedra" nos aventuramos como buenos citadinos a "perdernos" entre el misticismo de una huaca local. Grande fue la sorpresa al encontrar pedazos de telares semienterrados entre las ruinas. Más grande fue aún cuando al tratar de sacar uno jalamos accidentalmente un mechón de cabello fijamente sujeto a un cráneo. ¡Feliz 28!

En esa otra ocasión fue ¡Feliz Año Nuevo! Este año lo decidí recibir con mis mejores amigos, mi hermano y mi chico en mi casa de Canta. Con todo y trepada de cerro, casi suicidio por seguir una ruta de cabra y un sueño terrible que nos hizo acostar a la 1 am del 1 de enero, ese viaje fue y será uno de los mejores que experimenté. ¿Será por estar 3 días fuera del alcance de los viejos? ¿Quién sabe? Lo cierto es que ahora para cualquier cosa la gente dice: "Porsiaca, Alice tiene casa en Canta".

Y si Canta te encanta, ¡Cusco aún más! El año pasado cumplí el sueño de todo compatriota: me fui al Cusco. Por supuesto fue un viaje familiar, como hacía años que no lo hacíamos solo mamá, papá, mi hermano Jorge y yo. Ya instalados ahí sentí como ese orgullo inca dormido en todos nosotros se apoderaba de mí. Yo me alucinaba poco más y una ñusta en medio de todos esos turistas extranjeros que no podían experimentar como yo la dicha de "volver a sus raíces". En medio de esa alucinación decidí ¿Cómo no? intentar bajar esas escaleras que años atrás bajaran los habitantes de la gloriosa ciudadela de mis antepasados. Gracias alInti que logré la foto justo antes que me gritaran "¡los turistas no pueden bajar por ahí!"

Espera, turista no: periodista. Así decidimos irnos Carlitos (el perrito de Telmex), Carolina, Javier, Ingrid y yo a ese pueblito limeño llamado Antioquía. Mismos reporteros de la Nat Geo visitamos los lugares turísticos, nos empapamos en los problemas locales, hablamos con el alcalde del pueblo y por supuesto compartimos con los "nativos" del conocido pueblo retablo. ¿El motivo? un trabajo de Comunicación Turística ¿La nota? 13 ¡vaya reporteros!

1 comentario:

Anónimo dijo...

ohhh siiiiiiiiii